¿Dios concede los deseos?
Había una vez, en una vieja aldea al pie de las montañas en una región salpicada de lagos, bosques y cascadas, un viejo sabio, al que todos llamaban "el maestro".
Cada año, en un día de primavera, casi todos los habitantes de la aldea, se dirigían a un lugar especial en medio del bosque.
Y lo hacían así, cada año, pues todos sabían, que a todos los que acompañaran "al maestro" en ese día, Dios les concedía todo lo que deseaban.
En ese sitio despejado del bosque, el viejo sabio, colocaba leños en una forma especial, los encendía y luego, mientras las llamas jugueteaban en la penumbra del atardecer, dirigiéndose al cielo, pronunciaba unas palabras que nadie lograba entender. Dios, que disfrutaba de esta ceremonia, concedía todos los deseos de los presentes... de tal modo que cada año la concurrencia era mayor.
Pero una noche de invierno, mientras dormía, el viejo maestro, murió.
Los aldeanos, de todos modos, en coincidencia con el día de primavera que él solía elegir , fueron al claro del bosque e hicieron una fogata igual a la que él hacia y luego, como nadie conocía las palabras que el maestro pronunciaba, uno de ellos, dirigiéndose al cielo, murmuro imitando la cadencia de la plegaria.
A Dios le agradaba tanto el momento que siguió concediendo los deseos de cada uno de los presentes.
El tiempo paso y paso y a medida que la tradición se transmitía de padres a hijos durante generaciones, se fue olvidando el lugar del bosque y al final todos los detalles de la ceremonia...
Pero Dios, disfrutaba tanto con ella, que hoy concede los deseos y satisface las necesidades de todos aquellos que cuentan esta historia y de aquellos que la escuchan. (*) Por eso hoy se las estoy contando a Uds.
Quiero compartir mi alegría, por todo lo bueno que nos paso en este tiempo, desde que nuestros caminos se cruzaron y decirles de todo corazón: gracias por este cumpleaños tan hermoso y muchas felicidades a cada uno de ustedes!!
Un abrazo
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